El museo es la plataforma donde se ha experimentado -y se sigue experimentando a fuerza de tozudez burocrática- el arte moderno y el pseudocontemporáneo. Muchas veces se ha puesto en juicio la caja blanca del museo y su capacidad para contener arte contemporáneo, y siempre se dice que un ambiente que pretende desvincularse de la obra que contiene y viceversa, va en detrimento de que el trabajo plástico contemporáneo SEA.
Esto no deja de tener validez, pero la razón principal para despreciar la caja blanca con todo su arte moderno dentro es el elitismo que representa. La mayoría de los museos son gratis en este país, pero igual nadie entra.
Los espacios determinan actitudes en nosotros, el museo como edificación de alguna manera se ha ganado el lánguido repudio del grueso de la población, demostrado con la baja afluencia, que no quememos los museos no quiere decir que los adoremos.
Quizas suene hedonista y vanal, pero el arte moderno en un museo no entretiene satisfactoriamente a nuestras mentes bombardeadas por la multiplicidad de la contemporaneidad. Aparte hace falta mucho esfuerzo para ir a un museo: prepararse para salir de casa, tomar el transporte hasta el museo, estar allí rodeando una obra a la vez, pensar acerca de ellas y devolverse a casa.
Ir al cine requiere de los mismos recursos que ir al museo, pero es más entretenido, por eso hay gente afuera haciendo filas. ¿No les resulta pretencioso como trabajadores plásticos querer que alguien se preste a hacer todo lo que se requiere para ir a un museo, sólo para observar-experimentar algo que uno haya hecho? la televisión está a un botón de distancia; por internet puedes comprar cosas, leer las noticias, hablar con otras personas, etc. ¿Y aún así nosotros seguimos pretendiendo que la gente vaya a un museo para ver algo aburridísimo que nosotros hicimos?
El arte contemporáneo supuestamente está en una relación más íntima con el espectador-experimentador, debería estar en la calle que concurre, en sus medios de transporte, en sus medios de comuniciación, en toda su vida; jamás en un cuarto blanco pretencioso al que se visita con desdén, un desdén comparable a visitar la casa de unos familiares lejanos aburridos.
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jueves, 8 de enero de 2009
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